La persona egoísta está centrado en si misma y vive en un mundo cerrado.
El egoísmo es diferente al amor propio, que es necesario y saludable, porque el egoísta no siente amor hacia su persona sino desprecio y quiere todo para él porque se siente
miserable y vacío.
El egoísmo no es vivir como uno desea vivir, es pedir a los demás que vivan como uno quiere hacerlo.
La diferencia entre el amor propio y el egoísmo es que mientras el primero es el sentimiento de respeto por uno mismo, que no puede ceder su propio espacio, el segundo es la pretensión de utilizar a los otros para su propio beneficio, manipulándolos como objetos.
Buda decía que si la gente no se odiara tanto a si misma, habría menos sufrimiento en el mundo, porque el odio hacia si mismo se proyecta con agresividad y violencia.
El hombre egoísta está solo y aislado, por eso trata de llenar su vida con objetos. Su personalidad puede ser depresiva con rasgos obsesivos.
El egoísta se va quedando solo por elección, porque es incapaz de compartir algo.
Siempre se repite la misma historia: cada individuo no piensa más que en sí mismo.
En realidad el egoísmo es lo contrario del verdadero amor, ya que este nos hace salir de nosotros mismos y nos hace darnos a lo que amamos transformándonos en la cosa amada, en cambio el egoísmo nos tiene como centro de todas las cosas a nosotros mismos y hacemos que todo convenga para lo que nosotros queremos, por eso el egoísta no se sale de sí mismo sino que todo lo que haga será buscando su propio interés.
Cuando el hombre se mira mucho a sí mismo, llega a no saber cuál es su cara y cuál es su careta.
El único egoismo aceptable es el de procurar que todos estén bien para estar uno mejor.No es el sentimiento mas lindo de todos, como todos sabemos pero podemos llegar a afirmar que se lo conocemos a MUCHAS PERSONAS.Ser una persona egoísta es olvidarte del bienestar del otro, no preocuparse por el solo preocuparse por lo que te sucede a vos, muchas veces ser egoísta es un mal necesario, pero quien no fue egoísta alguna vez?
y al admitirlo podemos arrepentirnos de nuestros echos.
La soberbia y el egoísmo, son los padres de la soledad.

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